En abril de 2024, el macabro descubrimiento de dos fosas clandestinas con los restos de 10 personas en Nicolás Romero, Estado de México, sacó a la luz una red de corrupción y complicidad dentro de la policía municipal.
Las víctimas, halladas en pozos de hasta 40 metros de profundidad en la colonia El Mirador, presentaban signos de tortura. Las investigaciones revelaron que algunas de ellas fueron arrojadas con vida, según datos de la Fiscalía General de Justicia del Estado de México (FGJEM).
La indagatoria, denominada “Operativo Enjambre”, identificó a mandos y policías locales como parte de una organización criminal vinculada a grupos autodenominados “Familia Michoacana”, “Jalisco Nueva Generación”, “Unión Tepito”, “Nuevo Imperio” y “Anti-Unión Tepito”.